Cuando alguien me pregunta por qué represento este proyecto, casi siempre espera que hable primero de precios o de la vista al Embalse de Topocoro. Y hablo de eso, claro. Pero lo que de verdad me convenció, antes de acompañar a la primera persona a firmar, fue algo que casi nunca sale en la foto más bonita: cómo se construyó Altos de Yariguíes, no solo qué se construyó. El cableado eléctrico va bajo tierra, la luz pública funciona con lámparas solares y el bosque nativo se dejó en pie en lugar de despejarlo para sacar más lotes. Ninguna de esas tres decisiones es la que más impresiona en una primera visita, y son justamente las que más me importan a mí.
Lo que no cruza el cielo
La primera vez que caminé de noche por las vías del proyecto, ya en placa huella y pavimentadas, noté algo que al principio no supe nombrar: no había cables cruzando de poste a poste sobre mi cabeza. El cableado eléctrico de Altos de Yariguíes es subterráneo, y la luz pública funciona con lámparas solares. Es un detalle que casi nadie pregunta en una primera llamada, pero que cambia por completo cómo se ve y se siente el proyecto cuando cae la noche, sin el enredo de cables que sí se ve en tantos desarrollos que se construyeron pensando solo en vender rápido.
El agua y el bosque, no solo la piscina
La piscina panorámica es lo primero que casi todo el mundo quiere ver, y lo entiendo, la vista al embalse desde ahí es real. Pero detrás de esa piscina hay un punto de agua potable con su propia planta de tratamiento, construida para el proyecto, no improvisada después. Y alrededor de todo eso, los senderos ecológicos atraviesan bosque nativo que se conservó en lugar de talarlo. Cuando recorro esos senderos con compradores, casi siempre es el momento en que dejan de preguntar por metros cuadrados y empiezan a preguntar cómo sería vivir ahí, entre ese bosque, no al lado de él.
Ya construido, no en planos
Nada de esto está prometido para dentro de unos años. Las vías, el cableado subterráneo, las lámparas solares, la planta de tratamiento de agua y los senderos entre el bosque nativo ya están construidos y en uso todos los fines de semana. La casa modelo, con sus propios paneles solares en el techo, también está construida y se puede recorrer en persona. Para mí, esa es la diferencia real entre vender un terreno y vender un lugar donde de verdad se pensó en cómo se iba a vivir, no solo en cómo se iba a vender.
No necesito convencer a nadie de que la sostenibilidad está de moda. Lo que sí puedo decir, porque lo he caminado con mis propios pies, es que en Altos de Yariguíes esas decisiones ya están tomadas y ya están construidas, con o sin cámara fotográfica delante. Si eso es algo que también te importa a ti, te invito a que lo veas de cerca.