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Vida y bienestar junto al agua

Por qué sigo creyendo en la vida junto al agua: una nota personal

Mujer remando en kayak en aguas tranquilas del Embalse de Topocoro, rodeada de montaña

Llevo años viendo cómo cambia una persona el primer fin de semana que pasa cerca del agua. No hablo de una piscina de hotel ni de una playa de postal, sino de ese tipo de agua quieta, rodeada de montaña, que obliga a bajar el ritmo sin que nadie lo pida. He visto a gente llegar un viernes todavía hablando de trabajo y despertar el sábado sin ganas de revisar el teléfono. Ese cambio no depende de la edad ni de cuánto dinero tenga alguien en el bolsillo. Depende de estar cerca de algo más grande y más lento que uno mismo.

Lo que he visto cambiar en la gente

Trabajo cerca de un embalse en Santander, y con los años aprendí a notar la diferencia entre quien visita el agua de paso y quien decide vivir cerca de ella. El primero llega, toma unas fotos y se va. El segundo empieza a organizar su semana distinto: separa un rato para caminar, para remar, para sentarse a ver cómo cambia la luz sobre el agua al final de la tarde. El agua no resuelve los problemas de nadie, pero sí cambia el lugar donde una persona elige descansar, y ese cambio, repetido semana tras semana, termina pesando más de lo que parece al principio.

No es un lujo, es una decisión de todos los días

Durante mucho tiempo pensé que vivir cerca del agua era algo reservado para unas pocas familias, un lujo de finca grande y presupuesto ilimitado. Ya no pienso eso. Cada vez veo más personas en Santander, profesionales, familias con hijos pequeños, parejas que ya piensan en su retiro, decidir que su fin de semana vale más cerca de un lago o un embalse que atrapado en el tráfico de una ciudad. No es una decisión que se toma una sola vez: se repite cada semana, y por eso vale la pena pensarla con calma, no como un capricho sino como parte de cómo quieres vivir.

Guayacán en flor junto a un camino pavimentado con vista al Embalse de Topocoro
El guayacán florecido junto al camino, una de las vistas que más me gusta mostrar cuando alguien visita el embalse por primera vez.

Por qué elegí construir junto al Embalse de Topocoro

Por eso, cuando tuve la oportunidad de construir algo junto al agua, elegí el Embalse de Topocoro, conocido en la región como el mar de Santander. Ahí está hoy Altos de Yariguíes Country Club, a 50 minutos de Bucaramanga por la vía antigua a Barrancabermeja, a solo 500 metros de los juegos náuticos del embalse. No lo pensé como una idea abstracta, sino como un lugar donde una familia pudiera llegar un viernes y, para el sábado, ya estar viviendo ese cambio de ritmo del que hablo. La piscina panorámica con vista al embalse, los senderos ecológicos entre bosque nativo y el bar social ya están construidos, no en planos, y cada uno de los 138 lotes se entrega con su propia escritura y matrícula inmobiliaria, independiente de cualquier otro lote del proyecto.

No tienes que estar pensando en comprar un lote para notar lo que el agua le hace a tu semana. Pero si alguna vez te has preguntado por qué tanta gente sigue buscando un lugar cerca de un lago o un embalse, esta es mi respuesta, la de alguien que lleva años viéndolo pasar de cerca.

Ven a ver el embalse con tus propios ojos

Agenda tu visita a Altos de Yariguíes, camina el sendero, siéntate junto a la piscina panorámica y decide con calma si este es el lugar junto al agua que buscabas.

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